CRÓNICA DEL HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ, HOMBRE Y POETA.
Enviado por Alrosoler el Jue, 08/07/2010 - 13:28Con motivo del Homenaje a Miguel Hernandez, Alacant, Orihuela y El Campello, del 9 al 13 de junio de 2010.
¿Por qué no reseñarle en voz alta..., por Antonio L. Ros Soler
En medio de la vorágine de esta III-GM (mal llamada 'crisis') que parece engullirlo todo, desde los puestos de trabajo hasta el ánimo colectivo, pasando no sólo por aspectos importantes del Estado de Bienestar, sino por otros más íntimos y particulares, reconforta comprobar que un grupo numeroso de poetas venidos de la mitad de las comunidades españolas y de una docena de países de casi todos los continentes de la aldea global, a los que une un nombre que refleja un producto interior bruto de valores humanos: Miguel Hernández, hombre íntegro, cabrero y poeta del pueblo. Acabamos de celebrar nuestro segundo encuentro internacional, ahora en Alicante, Orihuela y El Campello, ya que el primero se realizó en 2008 en Moguer para homenajear al poeta gaditano Juan Ramón Jiménez, primer nobel de literatura español. Y nos hemos reunido aquí con e la finalidad de realizar otro homenaje para abrazar la palabra y propagar la voz del poeta oriolano, recitando tantos sentimientos comunes y aunando tantos esfuerzos en coincidencia con el mensaje de su obra, para todos nosotros de una vida y obra ejemplarizantes.
La danza de las tijeras, baile tradicional en el que dos bailarines, acompañados por sus respectivos violinistas y arpistas, danzan en turnos compitiendo con sus movimientos, agilidad y arte para manejar las tijeras. Los DANZAQ se caracterizan por la acrobacia de sus pasos, al compás de dos grandes tijeras metálicas que producen un singular sonido, semejante a campanadas. Es un duelo ancestral originario de la zona andina del Perú, siendo su cuna la ciudad de Ayacucho, luego se trasladó a Huancavelica y Apurimac, regiones donde aún se cultiva y enseña esta danza, que se comunica a través de la sangre: de padres a hijos. Por tal motivo, los danzantes actuales son descendientes directos de aquellos dansaqs que José María Arguedas describe con tanto colorido y esplendor, como un símbolo de nuestra riqueza cultural y ancestral que no podemos ni debemos permitir desaparezca en la noche del olvido.