EL TROMPO ROJO

    Novela corta. La historia trata de la tercera generación de hermanos, -de una familia de obreros-. Historia de tres niños adoctrinados, por los mayores, en la ideología marxista. El misero ambiente donde se desarrolla queda solapado por las vivencias del personaje principal, Francisco. Un púber de trece años, despabilado, rebelde y generoso; duro, pero también bondadoso. El chico, que al inicio se resiste a aceptar la conversión, fue persuadido hábilmente por Eduardo, para que a su vez, convenciera a los menores. Eduardo, el mayor, había sido elegido por la "cúpula" como su tutor para convencerlo y formarlo. Todos habían pasado por el mismo proceso. Al final, los más pequeños terminarían implicándose de la misma forma. Francisco se encargó de ello. Cuando estuvo listo lo incorporaron a la "cúpula" de la familia y luego al partido comunista. Aquí, junto con sus camaradas se encargó de hacer la pinta y propaganda enfrentándose a la dictadura militar de entonces, así como sus colaboradores y lacayos.
    Al inicio, Eduardo le regaló un trompo que pintó de rojo, labró sobre el lomo los símbolos comunistas en bajo relieve y le enseñó a "bailarlo". Todos los trucos, le enseñó para enfrentarse a los mejores del barrio. El trompo rojo lo llamó, él; el trompo comunista, Eduardo. Cuando se dedicó a las tareas que el partido le encomendaba ya hacía tiempo que había dejado de interesarle los juegos -el palito chino, las canicas, los trompos, el runrún...-, todo lo había guardado en un baúl y bajo llave. Después de tiempo los sacó de allí y se los regaló a los menores. A uno de ellos le dio una caja de trompos, tenían "quiñes" y "lonjas". Dos de ellos despertaron su interés del más pequeño de sus hermanos: uno estaba rotulado como "búfalo" y el otro como "negro Lucho". Le pidió que le cuente la historia del último. Las cuatro lonjas que tenía dejaban notar aún el bicolor de la bandera peruana con que había sido pintado. Francisco se puso a contarles, previo pago, cómo obtuvo este "trofeo". Les contó también cómo Eduardo lo convirtió en un comunista. Cómo hizo que aprendiera de memoria todo lo concerniente a la práctica, cómo así en duro enfrentamiento jugando a la "cocina" descuartizo el trompo de Lucho.
    Desde entonces y por años, cuatro décadas, el trompo rojo pasó de una mano a otra: de hermanos a sobrinos y a nietos. Le sacaron una lonja que pegaron con "terokal" y lo "quiñaron" una y otra vez, pero aún así siguió batallando en busca del alma perdida.


 


 


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