Nuestro amadísimo cónsul, el mismo del que hablábamos hace unos días, el personaje que se cargó al Comité de Elecciones del Consejo de Consulta de los Peruanos y se ha convertido en el cacique de la comarca y pretende dar a sus "cholitos" mano dura y cara larga, acaba de ser "premiado" con un jugoso ascenso en su carrera diplomática: Ahora será embajador.
Son cosas del gobierno del pueblo peruano que mantiene como presidente y por segunda vez, al mismo corrupto y compañía, que mata a sus hijos, olvida a sus héroes y se ríe de toda voz en alto y grito de protesta de los justos. En fin, una raya más al tigre. Sus adulones, entre cacareos, graznidos y eructos de alfalfa, deben estar dando saltitos de placer alrededor de la nueva que nos llega como aguinaldo navideño, como patada en las espinillas. Pero ya deberíamos estar acostumbrados a estas jugadas de "nuestros gobiernos", a esta forma chicha de llevar las riendas de la patria y lacerarla, insultarla y agraviarla, recompensando a sus corruptos, a sus ineptos e impresentables personajillos del folclor político peruano. Tal vez el gran secreto del éxito del "ministro" sea el haber emparentado con el mismísimo Presidente; y a esto se le denomina "nepotismo" (por favor, no confundir con "patriotismo " o "criollismo").
Ascenso y escalerilla, mudanza y aumento de paga, son un premio gordo en tiempos de lotería nacional, pero lo que necesitamos y exigimos los peruanos que no pudimos ir a votar por nuestros representantes en el Consejo de Consulta, es una clara, sonora y risueña explicación. Porque el día de los Inocentes todavía no ha llegado, entonces es de suponer que no es una broma de mal gusto y que de raya en raya, los burros se convertirán en cebras.
Después de tanta pluma y teclado desperdigados por páginas web de los peruanos residentes en Barcelona, de cartas cursadas y cruzadas, de tanto "burro del hortelano", "pavo del Hortelano" y otras reflexiones ante el ordenador, no quedará más remedio que escribir acerca de los "cuyes del hortelano", sólo para nombrar a sus más fieles franeleros que ya sueñan con ser "amigos" del Embajador de Perú en... ¿España, la mismísima Madre Patria? Esperemos que no, porque hay un dicho que reza "No hay mal que por bien no venga" y confiamos que a nuestro "Ministro" (¿Cómo querrá que se le llame de ahora en adelante?: ¿"Excelencia"?) le envíen tan lejos donde no pueda seguir incordiando al prójimo y nos deje a sus compatriotas continuar con el ritmo necio de nuestra idiosincrasia: lamernos a gustito las heridas, mordernos, insultarnos y seguir maleteándonos a saco y sin pudor, que es parte del paquete. Y una raya más al tigre, en plena crisis económica y de valores esenciales que nos permitan apartarnos de la fauna del aplauso fácil y el borreguismo ciego, no nos va a matar; y lo que no te mata , te hará más fuerte.

Manifiesto
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