LEYENDA DE NAYLAMP

El cronista Miguel Cabello de Balboa recogió en el siglo XVI la leyenda de Naylamp. Éste fue un misterioso rey de mucho valor, de elevada estatura, aspecto aristocrático y altivo, tez clara y facciones netamente semitas; envolvía un voluminoso turbante rematado por una diadema de plumas, sujeta a su vez por una magnífica turquesa. Llegó a la costa norte por la corriente del niño, la navegación, iniciada en la costa occidental de México proseguía serena y regular sobre la clara inmensidad del océano Pacífico. Naylamp dirigía una gran flota de balsas con un inmenso abanico de plumas multicolores que adornaba su ropa.

Traía consigo una fastuosa corte: 40 oficiales para él, como Pita Zofi, tañedor de unos grandes caracoles, entre los indios era muy estimado; Ñinacola, se dicaba al cuidado del las sillas y andas; Ñinagintue, cuyo cargo era la bebida del Señor Naylamp a manera de escanciador; Fonga (Fongasigde), tenía el cargo de derramar polvo de conchas marinas en la tierra que su Señor hollaba al pisar; Occhocalo, era su cocinero; Xam Muchec, tenía cuidado de las unciones y color con que el Señor adornaba su rostro; Allopcopoc, preparaba los baños del Señor; otro principal muy estimado era Llapchillulli, encargado de labrar su ropa de plumas.

Consigo traía varias concubinas y a la mujer principal, llamada Ceterni. Naylamp desembarcó portando una estatua sagrada, la del dios Yampallec, y en su honor construyó un templo, la Huaca Chotuna, cerca del río Lambayeque. Naylamp el héroe divinizado, y todo su séquito guiaban su flota hacia la región que más tarde se llamaría Perú, Tras unos días de navegación, al avistar una playa que le pareció adecuada para sus proyectos, dejaron sus balsas en la boca de un río, (ahora llamado Faquisllanga). Las naves viraron hacia el este. Poco después, la nave capitana encallaba en la arena.

Un nuevo ciclo histórico estaba a punto de comenzar. Junto a la playa había centenares de embarcaciones, en las que se amontonaban hombres, mujeres y niños. Un hombre bajó de la nave capitana: era Pitazofi, encargado de hacer sonar un instrumento construido con un caracol llamado Spondylus. Avanzó algunos pasos y llevándose a los labios el nacarado cuerno, la arrancó un sonido ronco y potente. Acto seguido el jefe de los portadores de la litera real, Nicacolla, bajó a tierra seguido de sus ayudantes. Ellos también se quedaron inmóviles apenas pisaron la playa, mientras resonaba otro toque de trompeta y descendía de la nave otro viajero, con un pesado cofre a cuestas.
Era Fongasidas, esparciendo delante del cortejo real, puñados de piedrecillas rojas. Volvió a escucharse la trompa y, seguido por seis hombres que transportaban enormes cajas, desembarcó LLapchilully; luego le tocó el turno a Ochocali. Por último desembarcó Allopoopo, cuya misión era preparar el baño del rey a cada etapa del viaje.

Todos aguardaban inmóviles. Y sin que resonara la trompa, cuatro individuos lujosamente ataviados y con sendas coronas de oro sobre las sienes, desembarcaron con paso solemne llevando a hombros una litera sobre cuyos cojines estaba muellemente recostada la princesa Ceterni, esposa del rey. De pronto, una voz ronca dejó oír una orden y todos los pasajeros de la nave capitana se ordenaron en fila sobre la cubierta: Naylamp avanzó entre ellos, estrechando contra el pecho un gigantesco Spondylus. Apenas hubo desembarcado, se postró ante su dios.

Todos los demás pasajeros a tierra...¿Cuál fue la primera orden del rey? Tal como harían más tarde los conquistadores, ordenó que se erigiese, en el lugar exacto del desembarco, una señal tangible de su llegada, un monumento que celebrase la alianza entre el mar y la tierra, es decir, entre sus respectivas divinidades: Chia (la luna) y Ra, el dios solar. Por último, a orillas del lago del Guatavita se celebraba todos los años una ceremonia religiosa que consistía en arrojar al agua algunos trozos de arcilla verde; dichos trozos habían de transformarse, en el interior del palacio lacustre, en una estatuilla que representaba a una rana, naturalmente de jadeíta.

La ciudad de LLampallec está ya edificada, la religión ha arraigado sólidamente, y la economía de la nueva nación es segura y estable. Entonces, tal como ya lo habían hecho Quetzalcóalt y Viracocha, el primero respecto a mayas y aztecas, y el segundo respecto a los pueblos andinos, Naymlap decide partir y dejar a su gente.

Acercándose a la orilla del mar, despliega las alas y pronto desaparece tras el horizonte. Según los expertos, como Federico Kaufman Doig, Naylamp fue el fundador legendario del reino Sicán (en el siglo IX d.c.) La dinastía fundada por Naylamp gobernó los ricos valles de Lambayeque hasta que el Imperio Chimú conquistó la región en el siglo XV. Los orfebres de la cultura Sicán representaron a Naylamp en los famosos tumis o cuchillos ceremoniales, donde aparece con figura antropomorfa, alas extendidas y rico atuendo.

Quedaba su hijo mayor, Si-Um, el cual se casó con Zolzoloni; en esta y en otras concubinas tuvo 12 hijos varones, cada uno de los cuales fue padre de una copiosa familia, habiendo vivido sobre el país muchos años, se metió en una bóveda bajo tierra y se dejo morir (y todo a fin de que posteridad lo tuviese por inmortal y divino). A su fin gobernaron once representantes, Escuñain al cual le sucedió Mascuy, y a éste le sucedió Cuntipallec y tras el cual gobernó Allascunti y a éste le sucedió Nofan Nech, a éste sucedió Mulamuslan, tras ese señoreó Acunta, al cual sucediere Fempellec, el último de su generación porque mudó a otra parte el ídolo Naylamp que estaba en el templo de Chia, la Luna.
Sin embargo, por alguna causa desconocida, no pudo llevar a término su proyecto: cuentan que se le apareció un "demonio" bajo el aspecto de una hermosa mujer que lo sedujo, y durmió con ella según dice: Acabado de perpetuar y ayuntamiento tan nefasto comenzó a llover (cosa que jamás habían visto en estos llanos) y duró este diluvio 30 días, a los cuales sucedió un año de mucha esterilidad y hambre.

El pueblo, desorientado y preso de irritación, se reveló contra el soberano, y como a los sacerdotes de sus ídolos y demás principales, les fuese notorio el grave delito cometido por su Señor entendieron ser pena correspondiente a su culpa la que su pueblo padecía, con hambres, lluvias y necesidades y por tomar de él venganza, olvidados de la fidelidad de los vasallos, lo aprehendieron y atadas las manos y pies, lo echaron al mar.

Así, por extraña fatalidad, la mítica dinastía de Naymlap, que había llegado del mar, concluyó también en el mar y acabó la línea y descendencia de estos Señores, naturales del valle de Lambayeque, así llamado por aquella Huaca o ídolo que Naylamp trajo consigo a quien llamaban Llampellec. Desde entonces nadie volvió a ocupar aquel trono hasta que el Gran Chimú de Chan Chan extendió su dominio sobre casi todas las regiones occidentales de América del Sur. Dice la leyenda que fue Naylamp, un ser mitológico del antiguo Perú que vino del mar, el que trajo la civilización a estas tierras.

Naylamp y su séquito construyeron el templo a "Chot" (Huaca Chotuna) y en él colocaron un ídolo de jade verde al que llamaron "Llampayec"(que quiere decir figura y estatua de Naylamp). De allí provenía el nombre de Lambayeque. Lambayeque es una de las últimas ciudades peruanas donde la realidad y la fantasía se mezclan con tal armonía que es difícil saber dónde acaba una y comienza la otra; su milenaria historia permite visitas turísticas de carácter cultural.

Pero no sólo es la leyenda quien cuenta de esta magia. Con su máscara de oro, su séquito de sacerdotes y esclavos y hasta sus animales preferidos, fue descubierta la tumba "del Señor de Sipán". Este hallazgo arqueológico llegó a ser considerado, en un momento dado, el más importante del siglo XX en el Perú, junto con Machu Picchu, hasta descubrirse Caral. Existen muchos testimonios culturales en la Región Lambayeque, baste mencionar los provenientes de las Cultura Mochica y Chimú, los mayores ceramistas y orfebres de la época precolombina. También son atractivos el Museo Arqueológico Nacional Brüning con su idolito de ojos rasgados, sus peces y mariscos, los caballitos de totora en la playa Santa Rosa, la alegría de las fiestas, el ritmo del tondero y la marinera, el arte del trabajo en paja de Monsefú, el reservorio de Tinajones y el pueblo fantasma de Zaña.