CESAR VALLEJO II parte

Por Jorge Varas

Respecto al amor, el poeta vivió agradables momentos de felicidad pero también soportó fracasos. Se cuenta que él tenía una enamorada, Otilia, para quien escribía versos de amor intenso. Aunque luego sufrió el desengaño que le hizo hundirse aún más en la soledad. Recordándola, escribió: "En el rincón aquel donde dormimos juntos / tantas noches, ahora me he sentado / a caminar. / La cuja de los novios difuntos / fue sacada, o tal vez qué habrá pasado / Has venido temprano a otros asuntos / y ya no estás. Es el rincón / donde a tu lado, leí una noche, / entre tus tiernos puntos / un cuento de Daudet.

Pero el momento más doloroso de su vida fue cuando le llegó la noticia de la muerte de su madre. Con el alma desgarrada por el dolor, escribió: "Hay golpes en la vida, tan fuertes...Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma...Yo no sé! / Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras / en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. / Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; / o lo heraldos negros que nos manda la Muerte. / Son las caídas hondas de los Cristos del alma, / de alguna fe adorable que el Destino blasfema. / Esos golpes sangrientos son las crepitaciones / de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. / Y el hombre... Pobre...pobre! Vuelve los ojos, como / cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; / vuelve los ojos locos, y todo lo vivido / se empoza como charco de culpa, en la mirada / Hay golpes en la vida, tan fuertes...Yo no sé!". (Los Heraldos Negros).

Tras la muerte de su madre, César se sintió impulsado a salir hacia espacios más grandes. Así decide trasladarse a Lima. Pero antes, con el deseo de despedirse de su madre, emprendió viaje a su pueblo, donde cumplió con su dolorosa promesa ante la tumba de quien diría: "Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos / pura yema infantil innumerable, madre/ Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo / quedaría, en qué retoño capilar/... Hoy que hasta / tus puros huesos estarán harina / que no habrá en qué amasar / ¡tierna dulcera de amor!" Por desgracia, en un cercano pueblo andino, sucedió un hecho en el que se vio involucrado. Hubo un incendio en una plaza y varios mozos, entre ellos Vallejo, fueron acusados de incendiarios. El poeta fue sentenciado a cuatro meses en la cárcel. Allí, en medio de su desdicha, vuelva a evocar la figura de su madre y escribe: "...Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, / si vieras hasta / que hora son cuatro estas paredes. / Contra ellas seríamos contigo, los dos, / más dos que nunca. Y ni lloraras, / di, libertadora!..."(Trilce). Al salir de la cárcel, el año 1917, Vallejo se trasladó a Lima.

En la capital del país, consiguió un puesto de profesor en el colegio Guadalupe, en donde, por su carácter serio, huidizo, tímido (naturalmente con los que no conocía) era blanco de críticas. Aparte de sus facciones cuasi hieráticas, su melena de león y sus invariables trajes oscuros, se distinguía por que era un hombre ajeno a lo convencional. Los profesores del colegio lo miraban con recelo y desconfianza. Lo peor sucedió un día, cuando llegó a dictar su acostumbrada clase. Estaba inspirado, y en un momento, dijo a sus alumnos: "Ahora no vamos a hacer clase como todos los días. Ahora les voy a enseñar algo muy peruano: les voy a enseñar a sembrar arroz con pato." Esta ocurrencia fue contada por los alumnos a sus padres, quienes al reunirse estuvieron de acuerdo en que ese profesor era un loco; y así lo comunicaron a las autoridades del colegio, las que inmediatamente dejaron sin trabajo al poeta.

Sin oficio, profesión y sin dinero, el poeta vivía su vida con dignidad. No era un bohemio, pero le dolía la miseria. Decidió entonces abandonar el país. Tenía treinta años cuando se marchó al autoexilio. Llegó a París, a la que llamaría "ciudad de lobos abrasados", en 1923. Allí padeció penurias, aunque siempre haciendo lo posible para que el dolor no corrompiera su amor por el hombre. El "Cholo", como se le conocía con cariño, era un modelo de vida humana. Hasta en las situaciones más desesperadas, mantenía una altura que lo hacía diferente. Tenía la cualidad de sufrir en silencio, sin quejarse de nadie y por nada. Por otro lado era proverbial la pulcritud en su vestir.

Por entonces en Europa la poesía de Vallejo era casi desconocida. Sólo en España algunos críticos literarios vinculaban su nombre al movimiento "creacionista", llamado así por sus propugnadores, entre ellos Vicente Huidobro, Juan Larrea y Gerardo Diego. Este movimiento formulaba un enunciado poético significativo: "la poesía -decía- es esencialmente traducible", enunciado en aparente oposición con la tendencia de la nueva y radical poesía española que definían Pedro Salinas, Jorge Guillén, García Lorca, Dámaso Alonso, Rafael Alberti. Esta poesía era una reacción contra la corriente romántica, la naturalística y modernista; mantenía pura la línea becqueriana, persistente en el dejo poético de Unamuno, pero sobre todo en Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

Vallejo discrepó siempre con los principios de las corrientes creacionistas, vanguardistas y surrealistas. Las consideraba expresión pasajera de los movimientos literarios de la época. Para él, la poesía tiene su lógica propia, como los astros, su pensar espiritual incorruptible. Su poesía tiene la cualidad de ser hondamente dolorosa, de manifestar un sufrimiento que nos conmueve. Sus versos son como gritos de dolor humano y fluyen a través de la palabra, sin el maquillaje metafórico, de un modo tan descarnado que provocan un estremecimiento de tensión poética: por ella se descarga a chispazos ardientes el profundo sentido y sentimiento de una razón puramente humana. A la poesía auténtica y original de Vallejo no se la puede considerar adscrita a ningún movimiento literario. Sus palabras son como balbuceos originales que van adquiriendo consistencia, para adentrarse después en un sistema de relaciones imaginativas en la que participan todas las cosas del universo, incluyéndose la interpretación de la propia Sangre Espiritual y el Cuerpo personal e intransferible de Jesucristo. Esta fusión estética de lo divino y lo humano en su poética, elevan el significado de su universalidad.

Vallejo sentía un especial aprecio por España, y le causaba sufrimiento la cruenta guerra civil que ocasionaba la muerte de los españoles. En la primera página de su libro: "España, aparta de mí este cáliz" (publicado después de su muerte), dice en otras cosas: "Niños del mundo, / si cae España -digo, es un decir-/ si cae / del cielo abajo su antebrazo que asen, / en cabestro, dos láminas terrestres; / niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! / ¡qué temprano en el sol lo que os decía! / ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!/ ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!..." En este libro, escrito en los tres meses finales del año 1937, asediado por la experiencia de la guerra, es donde Vallejo alcanza la visión utópica de un mundo perfecto, nacido del holocausto y martirio de la república española.

Vallejo escribió además, novelas, relatos cortos y artículos periodísticos. Su obra en prosa incluye el cuento Paco Yunque y 3 novelas, una de ellas "El Tungsteno", donde recoge las penurias de sus compatriotas que trabajaban para una compañía capitalista en condiciones de explotación e injusticia humana. El poeta, siempre en favor de los más débiles, de los pobres, se decantó por la ideología comunista. Creía, a su modo, en un mundo mejor para ellos.

Nuestro gran vate, falleció el año 1938; como él mismo poetizara: "Me moriré en París con aguacero / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París -y no me corro- / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño./ Jueves será, porque hoy, jueves, que proso / estos versos, los húmeros me he puesto / a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, / con todo mi camino, a verme solo./ César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro / también con una soga; son testigos / los días jueves y los huesos húmeros, / la soledad, la lluvia, los caminos...(Piedra Negra sobre una Piedra Blanca)

La poesía de César Vallejo mantiene vigencia y es fundamental en la historia de la literatura hispanoamericana. Vallejo, junto a Rubén Darío y Pablo Neruda, es reconocido como uno de los grandes poetas que dado a luz la América de habla castellana.

 

Un hombre pasa con un pan al hombro

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila,mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

 

huaco

Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.

Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.

Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.

Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.

A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.
Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!