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¿Por qué no votar por la ‘Salud Pública’?

Imagen de Raúl Allain

 

En reiteradas ocasiones los medios de telecomunicación, suelen ser utilizados para un fin insondable, maquiavélico; esta característica, indefectiblemente, no cancela la importancia de las informaciones que deben ser transmitidas. 

Hace un par de días en la Residencial Arica del distrito de San Miguel, se proyectó con contundencia la voz de una actriz muy celebrada, perturbando la tranquilidad de parte del condominio y vecindario. Este acontecimiento correspondería, entiéndase, a una frecuencia (como toda obscura tecnología, “de punta”). Y está de más afirmar que no era la aparición de un ente metafísico proveniente del plano astral con el fin de corromper la ecuanimidad, ya sea de un determinado individuo o conjunto de individuos. La teoría que surge es que efectivamente estaba destinado a un receptor (o receptores, dado en la praxis). Del mismo modo, gracias a las telecomunicaciones, opera el famoso “chuponeo” que devela las conversaciones de diversas personas significativas en afinidad a sus posiciones políticas, perspectivas; claro está que si se aplica este método a un político corrupto, se torna bien empleada la función por la cual se debió crear. El vacío surge cuando una persona, dueña de esta tecnología, utiliza este medio para fines enteramente personales y maléficos. A fin de cuentas, el hombre la creó y, este, comete errores que empañan su condición.

 

Una frecuencia se define de la siguiente manera: “magnitud que mide el número de repeticiones por unidad de tiempo de cualquier fenómeno o suceso periódico”. Así, esta, propia de los medios de telecomunicación, puede ser accionada por un individuo y, un individuo como tal, puede infringir daño, cometer errores gravísimos. Este chirrido para nosotros, onda; frecuencia que científicamente, puede transmitir (codificar y decodificar). Inclusive, por fácil deducción llegar a lo más profundo del aparato auditivo, originando fenómenos como acúfenos o tinnitus (los cuales, basados en la cientificidad del consciente, provienen de alguna fuente externa; se justifica con la teoría del estrés tecnológico). Por consecuencia, hacer un mal de uso de las tecnologías características de un medio de telecomunicación, puede originar diversos padecimientos, como ya afirman algunos médicos. La dubitativa se encuentra en que si estos chirridos (ondas; frecuencias) que llegan al aparato auditivo, son provocadas por un desperfecto del aparato auditivo o manipulado por un hombre “x” que como afirma el acostumbrado axioma, es su propio enemigo. La presente teoría, ratifica las condiciones de artificialidad.

 

Por todo lo argumentado, regular los medios de telecomunicación y sus tecnologías (las cuales son disfrutadas en toda dimensión y mayor magnitud por un operador de servicios de telecomunicaciones como Telefónica) y más, se torna fundamentalísimo para el bienestar del pueblo. Hipótesis afirman que si estos chirridos-frecuencias desaparecen o, en su defecto, regulan, se disminuiría el estrés y los padecimientos que poseen a esta llamada enfermedad del siglo XXI, como síntoma; en ciencia es equivalente a apagarlas (se tendría que hallar el origen específico) o construir un campo magnético de la misma fuerza que anule todo.  En conclusión, controlar las antenas, satélites, aparatos característicos de los medios de telecomunicación en general, conllevaría tranquilidad a la fuerza vital del cuerpo humano. Bueno, ya es una realidad que la rama ecológica-ambientalista en las ciencias sociales está cobrando cada vez más preponderancia.

 

Con respecto a los medios de telecomunicación, el ilustre candidato Alejandro Toledo, muestra una posición de tolerancia; Pedro Pablo Kuczynski, apoya al “chuponeo” (bueno, deberíamos dilucidar a todos los tipejos que manejan estos aparatos); Keiko Fujimori, por el uso estratégico de los medios de comunicación que se dio en el gobierno de su padre, debería, de alguna forma, reivindicarse; y Ollanta Humala, busca o debe buscar, regularlos. En conclusión, mi voto va para quien revele y regule la proveniencia de las ondas; frecuencias (“acúfenos” o “tinnitus” externos para la teoría cientificidad del consciente).  Por qué afectan cada vez más –mucho más- a diversos compatriotas. En relación a estos padecimientos en el mundo, la incumbencia recaería, obviamente, a los países determinados. Juzguemos nuestro voto, tomando como punto de referencia, la Salud Pública.

 

Una teoría –algo arriesgada- que planteo significa y propone que, en un futuro mediato, el estado posea control sobre todos los medios (aparatos) de telecomunicación, para evitar usos inapropiados y hasta perjudiciales. Así el filtro moral y ético controlado por el ANDA también podría instruir y revisar las acciones de los operarios, para evitar usanzas inadecuadas.

 

 

 

“Las ondas; frecuencias, son emitidas, indefectiblemente, por un aparato. Este, es controlado por el hombre”

 

 

“La capacidad tecnológica que puede desarrollar una onda es inconmensurable”