Blog de mariana

Sobre la REVISTA LUNDÚ, por Caridad Oriol Serres

En la sede de "ELs Amics de la Unesco de Barcelona" tuvo lugar la presentación de la Revista Lundú, dirigida y editada por la poeta Mariana Llano. Se trata de una publicación afroamericana, que contiene el pensamiento de la negritud, manifestada en toda una cultura negroide en su sentido más amplio. Se aparta, a su vez, de los aspectos más tópicos de las "cadenas y tambores" y, en cambio, se fundamenta en la cultura i sus manifestaciones, sobretodo en el campo del arte y de la poesía.

Mariana Llano desciende de africanos, concretamente de aquellos que fueron sometidos a la esclavitud i transportados de manera forzosa a Latinoamérica. Ella con esta revista quiere rendir un homenaje a su universo negro. Lundú es, pues, un acto de amor hacia la etnia negra.

Dirigió el acto Roxana Montalbán, que hizo una presentación de Mariana Llano y de los demás componentes de la mesa: Divaika Kiemba (Congo) y Maimuna Sanke (Senegal). Todos tres, además de presentar la revista, habían colaborado con artículos.

RÓMULO LIFONCIO: El DANZAQ y la danza de las tijeras

La danza de las tijeras, baile tradicional en el que dos bailarines, acompañados por sus respectivos violinistas y arpistas, danzan en turnos compitiendo con sus movimientos, agilidad y arte para manejar las tijeras. Los DANZAQ se caracterizan por la acrobacia de sus pasos, al compás de dos grandes tijeras metálicas que producen un singular sonido, semejante a campanadas. Es un duelo ancestral originario de la zona andina del Perú, siendo su cuna la ciudad de Ayacucho, luego se trasladó a Huancavelica y Apurimac, regiones donde aún se cultiva y enseña esta danza, que se comunica a través de la sangre: de padres a hijos. Por tal motivo, los danzantes actuales son descendientes directos de aquellos dansaqs que José María Arguedas describe con tanto colorido y esplendor, como un símbolo de nuestra riqueza cultural y ancestral que no podemos ni debemos permitir desaparezca en la noche del olvido.

Al ser una danza originaria del Perú profundo y poco difundida, estudiada y cultivada a nivel nacional, la danza de las tijeras no ha sido conocida y reconocida como se merece. Y su encuentro con ella, lo debemos a los jóvenes y ágiles danzaqs o bailarines, que continúan danzando para el mundo, ofreciendo el alma de nuestros pueblos en cada momento que se entregan al rito de danzar para su gente mestiza, para las divinidades incaicas, ancestrales, nuestras como la tierra que nos mira desde lejos y nos hace suspirar al recordarla, porque somo hijos de la tierra donde nacimos y sea cual fuere el lugar donde arraiguemos, una parte de nosotros no puede desatar el cordón umbilical que llevamos por el mundo, con nuestras maletas de extranjeros, nuestros acentos y la nostalgia infinita de ser hijos de un pueblo que no tiene fin en los rincones de la historia y el recuerdo.

Al mediodía en Moguer

"Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando".

Juan Ramón Jiménez.

Hacia el mediodía, cuando el sol es más que un astro en las alturas, cuando semeja la definitiva antorcha que acabará con las piedras y la yerba de Moguer, de tanto arder; caminamos los poetas venidos desde dispersas herradumbres del camino, ciegos de lejanía, con distintos acentos y las manos vacías de palomas, para estrechar el aire de su encuentro. Con las vocecitas chicas y los pasos apurados por la callejuela larga que iba al cementerio. Al mediodía, cuando enrumbamos en busca del poeta, mientras nos conocíamos y soñábamos con el eco de un poema en las calles sin sombra de Moguer. Al mediodía, desde las atalayas de los vientos que se detienen en cada sepultura, Juan Ramón nos escucha decirle poemas, pronunciarle con respeto en la voz enronquecida del instante, cuando acaso quisimos despertarle del ensueño inmortal que le sostiene en la fragua sin fin de la memoria, porque la gran memoria es la cuna y el cielo de los seres que amamos, de los que recordamos.

Porque Moguer es más que un arrullo de pinos y fresas encendidas. Porque en Moguer aguarda aún la soledad más nítida en la voz del Poeta. Y Juan Ramón existe en cada boca que le nombra, en cada hoja de los árboles enraizados en aquel pueblo blanco que nos acogió como una inmensa madre, a orillas del mar.